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Tengo cosas en la cabeza...
Tengo tantas cosas en la cabeza, que luego cuando escribo me voy siempre a la misma. Me localizo. Me focalizo en lo local. Que además para mí es lejano. Al otro lado de la muga. Asi que hoy me universalizo. Por eso y porque mis neuronas están hoy ocupadas en resistir la que anoche les cayó encima. Existe un libro de Paul Fussell. "Tiempo de guerra:conciencia y engaño en la Segunda Guerra Mundial". Publicado por Turner. Paul Fussell es un excombatiente norteamericano que decide, en este libro, desenmascarar las verdades ocultas de la guerra a través de lo que escribieron los que estuvieron. La sangre, las vísceras, el dolor, el miedo. Una muestra.
Los que pelearon saben que es tan probable que el hombre que se tiene al lado reciba un balazo en el ojo, en la oreja, en los testículos o en el cerebro como, a la manera del cine, en el hombro. Es tan probable que un proyectil le vuele la cara por completo, como que se le aloje en algún órgano no vital. Los que pelearon vieron los cuerpos de miles de hombres, mujeres y niños japoneses automasacrados en la desbandada de Saipan:locura en estado puro, pero en esencia no más distinta de lo que describe Eisenhower en Crusade in Europe, donde no puede evitar informar con sinceridad sobre la carnicería del foco de Falaise: Literalmente se podía caminar cientos de metros seguidos sin pisar otra cosa que carne muerta y en descomposición. Antes, soldados alemanes que podrían haber sobrevivido de haberse rendido, pero que, irracionalmente prefirieron no hacerlo.
¿como es posible que estos datos sean lugares comunes para el pequeño número de hombres que tuvieron experiencia de algunos de ellos?(...)La razón más importante es que el público mayoritario de aquel momento nunca supo estas cosas.
Recomiendo la lectura de este libro a cualquiera, que en cualquier momento, haya justificado el uso de la guerra o la muerte.
Los que pelearon saben que es tan probable que el hombre que se tiene al lado reciba un balazo en el ojo, en la oreja, en los testículos o en el cerebro como, a la manera del cine, en el hombro. Es tan probable que un proyectil le vuele la cara por completo, como que se le aloje en algún órgano no vital. Los que pelearon vieron los cuerpos de miles de hombres, mujeres y niños japoneses automasacrados en la desbandada de Saipan:locura en estado puro, pero en esencia no más distinta de lo que describe Eisenhower en Crusade in Europe, donde no puede evitar informar con sinceridad sobre la carnicería del foco de Falaise: Literalmente se podía caminar cientos de metros seguidos sin pisar otra cosa que carne muerta y en descomposición. Antes, soldados alemanes que podrían haber sobrevivido de haberse rendido, pero que, irracionalmente prefirieron no hacerlo.
¿como es posible que estos datos sean lugares comunes para el pequeño número de hombres que tuvieron experiencia de algunos de ellos?(...)La razón más importante es que el público mayoritario de aquel momento nunca supo estas cosas.
Recomiendo la lectura de este libro a cualquiera, que en cualquier momento, haya justificado el uso de la guerra o la muerte.
17/01/2004 17:37. Aragonéame 








